Viernes en soledad: el obispo presidió la Pasión sin fieles

Los feligreses siguieron la celebración en las redes sociales y en sus hogares hicieron penitencia y ayuno.

El obispo de San Luis, Pedro Martínez, se postró en el suelo de la iglesia Catedral para recordar la agonía que sufrió Jesucristo, según las escrituras. Lo hizo rodeado de silencio y algunos sacerdotes y religiosas de la diócesis que presenciaron la Liturgia de la Pasión del Señor, una de las celebraciones más relevantes para la comunidad católica, que conmemora la crucifixión y muerte del Hijo de Dios. Por el coronavirus, transmitieron las celebraciones por redes sociales y YouTube.

El «dolor» de la jornada fue acompañado por la amargura de los fieles que no pudieron estar en el único día del calendario litúrgico (junto al Sábado Santo, antes del mediodía) en el que no se oficia la Santa Misa.

Tras dar lectura a los pasajes del Evangelio de San Juan que relatan la Pasión, Martínez reflexionó sobre los dos sentidos de la muerte de Cristo: el «qué» y el «porqué».

«El ‘qué’ hace alusión a los hechos físicos de la Pasión. El ‘porqué’ es el espíritu que animaba la Pasión. El aspecto físico tiene que haber sido tan importante desde la exigencia que llevó a Cristo a decir: ‘Padre, ¿por qué me has abandonado?'», reflexionó.

A partir de ese concepto detalló que el aspecto más teológico, el «porqué», trata sobre «la hora de Cristo», que refiere a la hora de la gracia y del pecado; así como el demonio venció al hombre desde un árbol, Dios venció al demonio desde el árbol de la Cruz.

Durante la celebración, tanto el obispo como los sacerdotes lucieron sus ornamentos litúrgicos (prendas) de color rojo para significar la sangre derramada por Cristo. El altar estuvo despojado de manteles y adornos, tal como lo indica la tradición. Hacia un costado, un crucifijo estaba tapado con una tela roja.

«Debemos mirar un crucifijo y ser partícipes de su muerte; es algo que incluso rezamos en el Credo cuando decimos ‘por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación’. Ese crucifijo, ese Cristo en la cruz, es para nuestra paz y para que sus llagas nos curen», manifestó.

También recordó que el Hijo de Dios «soportó y llevó nuestros pecados» y explicó que de ahí viene la frase «Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo». En la traducción del original del latín, la palabra «quitar» alude además a «cargar», es decir, no solo quitó, sino que cargó las culpas de la humanidad.

En un instante un sacerdote descubrió, en tres etapas, la tela roja que cubría al crucifijo e instó a los fieles a contemplar el árbol donde estuvo «clavada la salvación del mundo».

Martínez dijo que si los fieles de ahora hubiesen participado de los días de la Pasión, cada uno escucharía su nombre en la voz de Cristo.

«Diría: Es por ti, por tus pecados; te perdono si cambias de vida. Escucharemos de sus últimas palabras: Perdónalos, no saben lo que hacen. Jesús también nos dice eso a nosotros», afirmó.

Al finalizar rezó por diferentes petitorios, entre los que se destacó el deseo para que termine la pandemia. Pidió por los enfermos, los fallecidos y los familiares de las víctimas del coronavirus.

Vía Crucis en soledad

Tras concluir la Liturgia de la Pasión del Señor, Martínez ofició el tradicional Vía Crucis, en el que conmemoró los pasos de Jesús camino a su muerte.

Los fieles puntanos solían participar de la celebración con una procesión por las calles del microcentro, que concluía en el templo de Santo Domingo, ubicado en 25 de Mayo y San Martín. Por la cuarentena se efectuó en soledad, solo con la presencia de algunos sacerdotes y monjas que recorrieron las estaciones por los pasillos de la Catedral. Ocurrió lo propio con el Sermón de la Soledad.

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