Los Lehoczky llevan más de tres décadas en el oficio de abrir puertas

Tienen una cerrajería en el centro desde 1985. La familia desarrolla un rubro que tiene mucho de artesanal, pero que tuvo que modernizarse debido a la pandemia.

Una antigua puerta de madera de doble hoja, de esas con detalles en los bordes y manijas de bronce, pero con vidrios nuevos, bien pintada y barnizada, es la metáfora visual perfecta para describir lo que hay detrás de ella. Enraizada desde 1985 en la calle Pedernera, en pleno centro de la ciudad, la cerrajería de los Lehoczky es fiel testigo de la historia de un viejo oficio que ha tenido que modernizarse y aggionarse a los tiempos que corren, pero también para sobrevivir a los momentos más restrictivos de la cuarentena obligatoria.

 

Porque aunque el local está en manos de la familia desde hace 35 años, en realidad es mucho más añejo. «Antes pertenecía a los Gualdoni, que eran muy tradicionales de Villa Mercedes. El hombre se retiró y le ofreció el negocio a mi papá. Él lo compró el año que terminé la secundaria, con la idea de que yo pudiera trabajar y estudiar. Hice tres años de facultad y no me recibí, pero sigo con las llaves hasta la actualidad», contó Sergio, un villamercedino que está a punto de cumplir 53 años.

 

Su padre, Miguel, era un mimbrero reconocido de aquella época, que le transmitió a su hijo la pasión por un oficio artesanal, aunque no fuera el mismo que él desarrollaba. Así, durante muchos años mientras uno tejía las ramas para hacer sillas y diversos muebles, el otro aprendió a limar el hierro y tuvo que descubrir los secretos que se esconden dentro de las cerraduras.

 

«Arrancamos de cero. Los que nos vendieron nos dieron algunas directivas y por ese entonces hicimos unos cursos, pero creo que lo que más te enseña es la experiencia y la práctica. Hasta el día de hoy siguen surgiendo complicaciones y hay que resolverlas. Este es un rubro muy autodidacta, en el que uno mismo tiene que fabricar muchas de sus herramientas y entender el funcionamiento de cada nuevo modelo que sale», describió.

El negocio, que al principio ocupaba toda la esquina de Pedernera y Fuerte Constitucional, se fue achicando en espacio. Los problemas de salud de Miguel lo obligaron a abandonar el emprendimiento del mimbre y a dejar únicamente el de la cerrajería. Cuando en 1999 el hombre falleció, el local se estableció en lo que era el viejo zaguán de la casa familiar, donde está en la actualidad.

“Al principio no tuvimos nada de trabajo en la cuarentena, y después mi hija trajo la idea de reinventarnos un poco con las redes sociales”. Sergio Lehoczky.

 

 

 

Pero Sergio no quedó solo. Su esposa, Andrea Gutiérrez, se volvió una especialista en hacer copias y es quien se encarga de atender al público mientras su marido sale a resolver los llamados de urgencia por las puertas trabadas. No solo eso, sino que a la par de ese trabajo, la mujer le sacó lustre a los apuntes, logró completar una carrera universitaria y se recibió de abogada hace casi una década.

De esa forma, los Lehoczky encontraron en el sector las llaves para formar su familia. Tuvieron dos hijas, Aldana y Federica, quienes se criaron en el negocio y ahora pueden desarrollar sus propios proyectos: la primera trabaja como gerente en una ONG y la segunda juega al hockey en River Plate, mientras estudia veterinaria.

 

Las dos chicas viven en Buenos Aires desde hace un tiempo, pero el decreto de la cuarentena obligatoria (a finales de marzo) las encontró en Villa Mercedes. «Volvimos a aprender a vivir los cuatro juntos», dicen entre risas.

 

 

 

El local es uno de los más antiguos de la ciudad y funciona en un viejo zaguán sobre Pedernera.

 

 

 

La impronta juvenil le hizo muy bien a la empresa familiar, sobre todo en los momentos en los que estuvieron forzados a tener cerradas las puertas del local. «En una primera instancia no tuvimos nada de trabajo, durante más de un mes y medio. Pero después Aldana trajo la idea de sumar las redes sociales, como Instagram y Facebook, y nos reinventamos un poco con nuevas maneras de localizarnos», contó el padre.

Así, la empresa ahora tiene una presencia activa en las diferentes plataformas, donde ofrecen algunos datos de su historia y muestran videos sobre el proceso de copias de llaves, entre otros aspectos.

 

Sergio dijo que el oficio de cerrajero se ha ampliado y cada vez se combina más con aspectos de la electrónica y la informática, principalmente en los autos. Y del puñado de locales que había en la ciudad hace tres décadas, pasaron a ser muchos y diversos. Pero él aún se aferra a los principios fundamentales de la profesión: «Es muy importante la confianza, porque llevás a tu casa a alguien para que maneje la seguridad. Yo tengo varios clientes, que son de muchos años, y cuando voy me esperan con un pedacito de pastafrola. Son cosas que para otros resultan insignificantes, pero que para mí tienen mucho valor», expresó.

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