“Monseñor, le pedí al Cristo de la Quebrada que bendiga nuestra amistad y la amistad que nace entre usted y el pueblo de San Luis”

El gobernador Alberto Rodríguez Saá acompañó a Monseñor Gabriel Barba en su asunción como nuevo obispo de la provincia. Durante su mensaje de bienvenida, el mandatario puntano contó que ayer juntos visitaron Villa de la Quebrada y en la oportunidad le pidió también al Cristo dos milagros: “El primero es que a todos nosotros nos haga más buenos y comprensivos para alimentar esa amistad y el segundo es un ruego que repito, que finalizada la pandemia, cuando los chicos vuelvan a la escuela, cuando vuelva el arado a los campos, vuelvan los trabajadores a las fábricas y todo esté en plenitud, estemos todos: que nos miremos a los ojos y estemos todos. Gracias por este día y bienvenido a San Luis”.

El mensaje del nuevo obispo

En la Iglesia Catedral acondicionada especialmente para estos tiempos de coronavirus, el obispo saliente, Pedro Martínez, dirigió palabras de bienvenida al nuevo obispo y, seguidamente, monseñor Lozano transmitió el saludo de los miembros de la Conferencia Episcopal Argentina y leyó el Decreto Protocolar 4205 de este nombramiento firmado por el Papa Francisco el 7 de julio pasado.

En sus primeras definiciones, monseñor Barba expresó que un obispo debe ser “padre de todos y servidor desde la unidad” y destacó que la Diócesis debe ser “la madre que da lugar a todos los carismas, y como obispo eso procuraré con mucho esmero, que todos sientan que tienen lugar en la mesa y en esa mesa debo ser servidor de la comunión, atendiendo a unos y a otros, abriendo puertas para quienes deseen entrar y tendiendo puentes donde sea necesario”.

Con sus 32 años de vida sacerdotal y seis de episcopado, monseñor Barba expresó su deseo que esta entrega en su nueva función en San Luis “me lleve justamente al servicio de la justicia y el derecho, al amor y la misericordia para llevar a todos al encuentro del Señor como una Iglesia sencilla, servidora, de puertas abiertas para todos”.

“Aprendí que siempre debe trabajarse en equipo”, enfatizó más adelante y consideró que “el único centro de la tarea evangelizadora es Jesucristo; amo la rectitud, la justicia y la verdad; tengo aversión por la mentira y la falta de transparencia; también aprendí a poner las cosas sobre la mesa y no temo en hablar, ni en decir lo que haya que decir. Solo busco hacer lo que corresponda. No es difícil trabajar conmigo siempre que se lo haga desde la verdad”.

“Siento profundamente que el primer paso que debo dar es escuchar la historia que nos habla con sus hechos, al pueblo que se manifiesta con sus esperanzas y también con su propia cultura; escuchar a todos los fieles cristianos que darán su mirada cual paleta de colores que enriquecerán una nueva pintura”, expresó monseñor Barba en su homilía.

Finalmente, Barba dejó un mensaje a la comunidad puntana: “No me preocupan las diferencias de pensamientos o de criterios, lo que no se puede jamás perder es el respeto y la comunión; esos son los ejes esenciales para con el obispo. Si queremos ser eclesiales de verdad, nada puedo yo sin ustedes y nada pueden ustedes sin estar en comunión con el obispo”.

El mensaje de una puntana

En otro pasaje de su homilía, el flamante obispo leyó un mensaje que recibió en el WhatsApp del Obispado de Laferrere, de una mujer puntana, a quien dijo desconocer, pero que agradeció por sus “claras palabras y por permitirme escuchar por medio suyo la voz del pueblo puntano que me habla desde el corazón”

Ese mensaje dice textualmente lo siguiente: “Espero que, para comprendernos, de a poco pueda conocer a nuestro pueblo en sus tradiciones y costumbres sencillas que fundamentalmente están guardadas en nuestros parajes y pueblos del interior profundo. Ellos encierran tesoros de religiosidad popular no siempre comprendida y muchas veces sofocada por formas ajenas al sentir de la gente. Ojalá que pueda comprender aquellas cosas que tienen que ver con nuestra historia y que nos enorgullecen. Que pueda aprender a gustar y descubrir la poesía y belleza que encierran nuestras tonadas cantadas y acompañadas por nuestros guitarreros y también degustar bajo los árboles un chivito asado con chanfaina. Ojalá que nuestra tierra lo arraigue bajo su cielo siempre azul, con nuestro viento chorrillero y con sus noches oscuras colmadas de estrellas. Nuevamente, ¡Bienvenido, monseñor! San Luis le abre sus puertas. Siéntase como en su casa”.


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