Agustín Ortega mueve sus piezas: ajedrecista y bombero

El instructor y árbitro de la actividad competitiva que se genera desde el Programa Ajedrez de la ULP, divide sus pasiones entre el juego-ciencia y su acción como bombero voluntario.

Como si no pudiese valerse por sí mismo… el fuego se muestra irreverente, y envalentonado por el viento abre su boca y sacude con lenguas de rojo furia que abrazan y aniquilan.

Entonces se escucha el sonido de la sirena, y se movilizan en partes iguales la solidaridad, los conocimientos y la valentía de los Bomberos Voluntarios.

Agustín Ortega se equipa y salta al coche bomba, con la adrenalina generando que el corazón empiece a latir en cada músculo. Cabeza y cuerpo traccionan juntos. En ese momento Agustín transporta sentidos y sentimientos; siente que está frente a un tablero de ajedrez.

Llega el momento de aplicar los conocimientos. Y ahora no es un juego. El fuego salta de casilleros cual si fue un Caballo. Cruzan Alfiles. Se adelantan Torres. Y un batallón de Peones, todos de color sangre, bajan sigilosos por las sierras.

“Cuando era chico se nos quemó la casa. Vivíamos en un campo, entre Neuquén y Cipolletti, que era propiedad de mi abuelo y donde teníamos alfalfa. Hubo una falla eléctrica y vimos cómo se consumió todo. Tenía 10 años y me quedé con lo puesto. Nos mudamos a Trelew, donde vivimos dos años, y después a Ushuaia donde estuvimos otros dos años. Habíamos venido a pasear a San Luis y nos quedamos definitivamente en 2004”, cuenta Ortega, bombero voluntario desde hace 12 años e integrante del Programa Ajedrez de la Universidad de La Punta desde 2009.

Aquella tragedia lo impulsó a acercarse a Bomberos Voluntarios. Y ajedrez siempre jugó por referencia de su abuelo. Agustín tiene 31 años y es el mayor de siete hermanos. Los Ortega viven en Potrero de los Funes.

“Hoy la pasión por el ajedrez y por ser bombero van de la mano”, cuenta.

“Jugaba al ajedrez en la escuela. Empecé a competir y en 2007 gané las Olimpiadas del Conocimiento. Después en 2008 me impuse en el Provincial sub 20; y en 2009 me invitó Claudia (Amura) a la escuela de talentos de la ULP. Me llamaron para trabajar en el interior como entrenador de ajedrez, y después sumé enseñanza en las escuelas y en talleres sociales”, indica Agustín.

Ortega trabajó a destajo en estos días en los que el fuego hizo estragos en la provincia. Es suboficial ayudante del cuartel de bomberos de Potrero de los Funes.

“Me tocó estar en el barrio UPCN, en Los Quebrachos, en Juana Koslay y en la Maternidad ‘Teresita Baigorria’. Lo más complicado fue en la Maternidad, y hubo momentos preocupantes en lugares en Juana Koslay donde el fuego llegó muy cerca de las casas”.

Agustín siente que “se trabajó muy organizado, fue una buena tarea en conjunto entre todos los cuarteles, y mucha gente y vecinos colaborando”.

Hace memoria y no duda: “El incendio más grande que viví fue en 2009, surgió en el Monolito de El Volcán; se perdieron dos casas, se quemaron tres bomberos, fue muy bravo y se quemó parte de Estancia Grande, Potrero y El Volcán”.

Al momento de hablar de las sensaciones de ser bombero, puntualiza: “Uno sabe que hay una vida de por medio, pero me olvido de todo y solamente me pongo en el lugar de la gente, de las familias que están en riesgo. Somos muy prudentes, pero sabemos que hay que asumir riesgos”.

Agustín recuerda que “al principio pasaba que volvían las imágenes del incendio de mi casa familiar incendiada. Te queda marcado porque es todo el esfuerzo de mi familia que se fue con el fuego, nos quedó solamente el techo, la chapa y el piso… hasta una camioneta se llevó el fuego”.

Ortega es uno de los referentes del área de competencias y torneos de ajedrez de la Universidad de La Punta, es árbitro nacional de ajedrez y da clases del juego-ciencia en algunas escuelas.

“En los incendios forestales usamos maniobras de ataque y defensa como en el ajedrez. Primero hacemos un análisis de la situación y fijamos objetivos a largo y corto plazo. Objeto de solución y acción a tomar. En el ajedrez hacemos lo mismo, buscamos un plan general de juego de acuerdo a la posición y pensamos las mejores variantes efectuando los movimientos que nos acerquen a ese objetivo. Creo que lo más importante es mantenerse frío, tranquilo y concentrado para dar una mejor respuesta. Hay que tomar decisiones en poco tiempo. Es algo en lo que el ajedrez se asemeja mucho”, remarca y analiza. “Se hacen ataques directos por los flancos de acuerdo al terreno y al viento, y contraataque por el frente, que serían los contrafuegos, que es una técnica que se usa como último recurso. Lo que se hace es prender fuego desde el frente, en donde se pueda controlar, y al chocar el fuego que viene avanzando con el que generamos se extingue al no tener más combustible”.

La de Agustín Ortega es una historia que habla de resurgir, siempre y cada día. Cambiar tristes experiencias personales por manos que dan una mano. Sentarse frente al tablero de la vida y reflexionar sobre qué es lo verdaderamente importante.

Agustín ya movió su pieza más valiosa, él dice que es el Caballo… pero seguramente sea la Solidaridad.

 

Nota y fotos: Prensa ULP.

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