Los procesaron por hurtar un millón de pesos; quedaron libres

Cuando la Policía allanó sus casas, Enzo Alfonso y Luis Portela habrían indicado dónde habían repartido el dinero.

Después de ocho días de encierro en una comisaría de Villa Mercedes, Luis Portela y Enzo Alfonso volvieron a ser libres. Pero no lograron zafar del problema que los puso tras las rejas ese tiempo. Al contrario, la jueza María Antonela Panero Magnano, quien subroga el Juzgado Contravencional y Correccional 1, los procesó por robar poco más de un millón de pesos del conocido bazar MegaShop, cuando los hombres trabajaban en la mudanza del local comercial.

 

Los procesó por «Hurto simple». Dado que en el eventual caso de ser hallados culpables por ese delito pueden resultar beneficiados con una condena de ejecución condicional, la jueza no consideró pertinente dictarles la prisión preventiva y, por eso, ordenó su inmediata libertad.

 

La mayoría de los elementos probatorios que la magistrada consideró para tomar su decisión se desprendieron de los seis allanamientos que los policías de la Comisaría 8ª hicieron el miércoles 6.

 

En su resolución, la jueza repasó las declaraciones de Gastón Barrio, el encargado del negocio, de los empleados del comercio, del subcomisario Ariel Aguirre, subjefe de la seccional actuante, y de Jesica Herrera, quien instruyó el sumario policial.

 

El primer indicio que condujo a los investigadores a Alfonso y Portela surgió de lo que les refirieron Barrio y su personal. El hombre les dijo que el domingo 3, el último día de la mudanza que hacían de Lavalle 371 a Mitre 565, cuando desapareció una caja de cartón con 1.186.100 pesos, las únicas personas ajenas al staff de trabajo de MegaShop eran los tres hombres que habían sido contratados para hacer el desarme y embalaje de las estanterías y mercadería. En ese grupo estaban los imputados.

 

De su personal a cargo, Barrio jamás desconfió. No solo porque los conoce desde hace años y les tiene plena confianza, sino también por el hecho de que ni siquiera ellos sabían que en una caja de tóner, que tenía escrito «oficina» con un marcador rojo, estaba esa plata. Solo el denunciante lo sabía.

 

El resto de los testigos coincidieron al decir que, en un momento de la mudanza, en un lapso de una hora y media a dos, los sospechosos estuvieron solos en el comercio, trabajando en el embalaje de la mercadería.

 

Antes de investigar a Portela y Alfonso, los uniformados secuestraron la mitad de un billete de mil pesos que Barrio había hallado en el baño del local. El papel estaba pegado a una cinta adhesiva que unía otros 15 billetes de mil pesos cada uno. El efectivo estaba en un cesto de basura, cubierto por papel higiénico.

 

Otra prueba que Panero Magnano consideró fundamental fue el hecho de que en la casa de Portela hallaron la otra mitad del billete que estaba en el baño de Megashop. «El número de serie del mismo coincidía con el otro», remarcó la jueza.

 

Luego de ese secuestro, una vez llevado a la comisaría, donde estuvo demorado por averiguación de antecedentes y medios de vida, Portela, de 38 años, les dijo dónde estaba la parte de la plata que él había tomado y que buscaban. Estaba repartida en las casas de dos hermanos y del amigo de uno de ellos, que vive en la Ribera. En ese último domicilio, los investigadores incautaron la significativa suma de 838 mil pesos, repasó la magistrada en su resolución.

 

Luego, cuando los policías fueron hasta lo del otro sospechoso, por temor a perder a su hijo, Alfonso confesó que lo que buscaban estaba en lo de su suegra, en Montevideo 265. Pero no lo encontraron ahí, sino a la vuelta de ese domicilio, escondido bajo un ladrillo.

 

La jueza señaló que, si bien en la indagatoria, el imputado argumentó que la plata hallada bajo ese ladrillo era, en realidad, ahorro de su suegra, consideró «poco probable que una persona tenga sus ahorros escondidos fuera del domicilio».

 

Subrayó, además, que a la hora de explicar el origen del dinero que les secuestraron se generan dudas. Dado que es «muy improbable encontrar tanto efectivo en gente allegada a los imputados, cuando ha desaparecido una suma en el lugar donde los mismos estuvieron trabajando». A la vez que ninguna de las personas que entregó la plata presentó documento alguno para acreditar su tenencia o pedir su devolución, aparte del hecho que «los imputados no poseen trabajo en relación de dependencia, solo perciben asignaciones».

 

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