Dijo que el otro acusado le confesó que había asesinado a su patrón

César Romero aseguró que Florencio Ramos lo amenazó con que lo iba a matar si no lo ayudaba a encubrirlo.

César Romero, uno de los acusados de matar a golpes a César Etchart, su patrón en un campo vecino a Arizona, ayer pidió declarar ante el tribunal que lo juzga por ese crimen. Dijo que estaba arrepentido de haber encubierto a Florencio Ramos, el otro acusado que tiene la causa.

 

Tal como había contado hace tres años cuando fue detenido por el homicidio, el 14 de enero de 2018, el otro hombre lo despertó a mitad de la madrugada para decirle que acababa de matar al encargado de la estancia porque lo había cansado y que él tenía que ayudarlo a mentirle a la Policía, porque de lo contrario lo arrastraría con él a la cárcel o, peor aún, también lo asesinaría.

 

Antes de que el joven de 25 años se sentara frente a la Cámara Penal 2 de Villa Mercedes, su defensor Marcos Juárez le solicitó al tribunal si podía retirar a Ramos de la sala para que su cliente pudiera declarar sin sentirse intimidado por su presencia. Pero los jueces Daniela Estrada, Silvia del Castillo de Insúa y Aníbal Astudillo rechazaron ese pedido porque, entre otros puntos, privaba al otro defensor de hacer las preguntas y repreguntas que pudiera plantearle su representado.

 

«Estoy arrepentido de haber encubierto la muerte del señor Etchart y de haber protegido a Ramos, pero lo hice por temor a que me hiciera algo. Me amenazaba», fue lo primero que Romero le aseguró a los jueces. Relató que el sábado 13, el día anterior a que el cadáver fuera hallado maniatado en una camioneta en la entrada de la estancia, la víctima había llegado de La Pampa al mediodía.

 

Los acusados estaban a punto de almorzar cuando arribó su patrón, refirió. «Trajo una heladera y lo ayudé a bajarla. Ahí, don Etchart nos dijo que iba a comer un asado con una gente que venía», narró. Después, los dos peones comieron un guiso y se acostaron a dormir una siesta, de unas dos horas, afirmó.

 

Alrededor de las 19 o 19:30, la víctima regresó, fue hasta el casco del campo, a la casa donde vivían los acusados, y discutió con Ramos. «Nosotros estábamos por comer el asado que había sobrado cuando llegó don Etchart», comentó. Dijo que uno golpeó la mesa y después los dos, peón y patrón, salieron al patio. «Empezaron a discutir porque el bombeador de agua no andaba bien y Ramos lo tenía que arreglar para darles de beber a los animales», refirió.

 

La escena no le llamó la atención, dijo, porque en los ocho días que llevaba trabajando en esa estancia ya había presenciado varios enfrentamientos verbales como esos. «El patrón renegaba porque decía que el otro era un inservible, que no seguía las órdenes y Ramos se quejaba de que le echara en cara una plata que le había sacado prestado al dueño del campo y hasta que no se la devolviera no se podía ir de ahí», detalló.

 

El acusado declaró que luego comió y, como a las 21, se acostó. «A las tres de la mañana, Ramos me despertó, me dijo que había matado a Etchart, que lo había agarrado a palos, quebrado un palo en la cabeza, que lo había arrastrado hasta la ruta y que después se volvió caminando», afirmó.

 

«Me dijo que había roto la ropa que había usado y la dejó en un motor y que había quemado los palos en el fogón», relató. Según Romero, el otro peón le confesó que lo había asesinado porque lo tenía cansado.

 

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