“Blanquita”, la abuela de 104 años que se vacunó contra el Coronavirus

Equipos del Ministerio de Salud se encuentran abocados a la vacunación contra el COVID-19. Además de inmunizar a adultos mayores en hospitales, centros de salud y geriátricos, cuando es necesario acuden a la casa de las personas en toda la provincia. Ese fue el caso de Rosa Blanca Quiroga, una abuela de 104 años, de la ciudad de San Luis.

Su cuerpo menudo luce cómodo en la reposera, bajo la sombra, en el patio de su casa en el barrio Pueblo Nuevo, en la ciudad capital. De zapatillas celestes y camisa rosa, la mirada curiosa de Rosa Blanca Quiroga parece deleitarse con los movimientos de los enfermeros que se preparan para protegerla del Coronavirus. ‘Blanquita’ o ‘La Abuela del barrio’, como le dicen los vecinos, tiene 104 años y es una de los tantos adultos mayores que en San Luis reciben por estos días las vacunas contra el COVID-19 que distribuye y coloca personal del Ministerio de Salud.

Pero, para el Gobierno de San Luis, la atención a abuelos y abuelas no solo se circunscribe a los hospitales o centros de salud. Los enfermeros llegan también con sus jeringas y dosis hasta dentro de los geriátricos y, si la persona lo necesita, van a su casa. Ese fue el caso de la dulce y paciente ‘Blanquita’, madre de 14 hijos. Ella es una de las decenas de personas que recibieron sus vacunas en sus domicilios.

Para no arriesgar su salud, ya frágil, y asistirla, un equipo de la cartera sanitaria llegó en una camioneta hasta Abelardo Figueroa al 90, pleno barrio Pueblo Nuevo. El sol golpeaba de lleno la casa, pero tras tocar la puerta, una señora salió a recibir a los enfermeros con una amplia sonrisa. El portón se abrió de par en par y allí, resguardada del calor, estaba ‘Blanquita’ mirando esos movimientos distintos en su casa.

El licenciado en Enfermería, Martín Oviedo; la enfermera universitaria, Rocío Giménez; y la técnica en salud, Cristina Cuello, estuvieron a cargo de la vacunación. María Villegas (71 años), Isabel Villegas (63), Cruz Ramón Villegas (63) y Juan Villegas (75), cuatro de sus catorce hijos custodiaron de cerca el proceso. Pero, a su vez, lo disfrutaron. Todos coincidieron que esa jeringa no solo tenía un líquido transparente. Estaba llena de esperanza. Fue un pinchazo de salud para su madre, cuyo DNI indica que tiene 99 años.

Eso dicen los papeles del Registro Civil o la tarjeta de plástico. Porque la pura verdad la contó ella cuando aún el Alzheimer no había invadido su mente. “Me presentaron cuando tenía cinco años, pero me anotaron mal. Así pasaba en esas épocas. Por eso tengo cinco años más de los que dice mi documento”, les relató hace mucho tiempo a sus hijos, nietos y bisnietos, durante uno de sus tantos festejos de cumpleaños.

‘La Abuela del barrio Pueblo Nuevo’ nació cerca de Nogolí, donde creció y vivió gran parte de su vida. Trabajó muy duro en el campo. Cumplía tareas rurales y al mismo tiempo atendía su casa y a su familia. “Tuvo una vida muy dura, sacrificada. Ya es muy mayor y tiene sus problemas propios de su edad. Hay días en los que está complicada y otros son un poco más tranquilos”, contó Isabel.

“Es maravilloso que hayan venido a vacunarla. Lo valoramos mucho, porque nos da esperanza. Ella tiene problemas de salud y teníamos mucho miedo con esta pandemia. Nos cuidábamos de no contagiarnos y contagiarla a ella. Pero esto de las vacunas es algo muy bueno, estamos contentos”; opinó María.

“Un nieto la anotó y a él le respondió con un mensaje la gente de Salud. Y por la edad de mi mamá se ofrecieron a venir hasta su casa y vacunarla. Nos da mucha tranquilidad que ya esté vacunada”, agregó Cruz Ramón.

“Entre todos la cuidamos, nos turnamos porque no es sencillo. Ella tiene más de cien años, está enferma, y aunque tenemos días difíciles la asistimos con mucho amor. Somos sus hijos”, destacó Isabel, con un dejo de emoción.

Al momento del pinchazo, la abuela se quejó. La aguja se hizo sentir en la humanidad de la mujer y el lamento culminó cuando la jeringa quedó vacía. Pero para ella, sus hijos y nietos no significa una expresión de dolor. Ni siquiera un quejido. Fue un gesto de vida. La forma de reflejar que, con la ayuda de una vacuna, seguirá luchando y al menos el Coronavirus no la derrotará. Aunque su mente por momentos vuela, la calidez y la presencia de ‘Blanquita’ siguen ahí, firmes, a la par de sus hijos. Está más viva que nunca.

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