Martina Díaz, la sangre nueva que tiene el polo sanluiseño

Con 17 años, la mercedina es dueña de un enorme potencial. Sueña con jugar el Abierto de Palermo.
Martina Díaz vive y respira polo. Con 17 años, es la sangre nueva que tiene esta disciplina deportiva. Cuando a los 9 años comenzó a jugar nunca pensó que las puertas se le iban a abrir tan rápido. En su corta carrera ya se dio el lujo de estar en un Master y llegar a la final con Pilará. Y como si esto fuera poco para su currículum, compartió equipo por Lía Salvo y Hazel Jackson, dos jugadoras que tienen 10 de handicap.

“Comencé a jugar a los 9 años, aunque a los 7 había empezado equitación y ahí me empezaron a gustar mucho los caballos. Y un año más tarde Catalina Jantus me invitó a una escuelita de polo, y desde ese momento me enamoré de este deporte”, comenzó diciendo Martina, que sueña con jugar el Abierto de Palermo y también en otro país.

El polo para ella es una pasión. Es algo que le encanta hacer y disfruta mucho. Anhela dedicarse o estar relacionada siempre a esto.

Es cierto que hizo muchos deportes. Probó con el tenis, la natación, patín, equitación, hockey… pero cuando el polo se cruzó en el camino fue para siempre.

Vive un presente de película. Compartir equipo con Lía Salvo y Hazel Jackson y llegar a la final del Master fue como tocar el cielo con las manos. Cumplir un sueño. “Todavía no caigo. De chica lo veía como algo imposible. Jugar con Lía y Hazel fue un sueño. Son dos grosas como jugadoras, pero más como personas. Hacen jugadas que no podés creer y además te ubican en la cancha. Juegan y hacen docencia con las jugadoras más jóvenes”, asegura.

Es exigente. Le gusta entrenar mucho para seguir aprendiendo. Se define como una jugadora buena en la marca y para el juego sin la bocha. Es muy táctica. Escucha. Mira. Absorbe lo que le dicen las más experimentadas. Está en pleno crecimiento.

Es una jugadora versátil, pero se siente más cómoda de 1 o de 2. En esas posiciones le es más útil al equipo.

Cierra los ojos y lo primero que se le viene a la cabeza son los viejos. Papá Martín y mamá María José son vitales en este presente de Martina. Están siempre y la apoyan en todo. Facundo, el hermano, es su fan número uno.

Después de jugar la final del Master, torneo que va a quedar en la historia por ser la primera edición, la polista villamercedina jugó la Copa “Inés Ayerza”. Volvió a compartir equipo con Salvo y Jackson, pero en esta oportunidad defendiendo los colores de Fundación Shooenem, que también tenía entre sus filas a la polaca Pauline Schaer. Y la escuadra llegó a una nueva final contra Centauros, integrado por Milagros Sánchez (Concarán), Fátima Balzamo, Jazmín Trotz y Sofía Rivas, pero por temas de COVID-19 y la lluvia se suspendió y se jugará en la temporada grande (septiembre).

“Estoy ganando experiencia. Estos torneos me hacen crecer. Disfruto cada momento. Soy feliz dentro de una cancha. Es mi lugar en el mundo”, aseveró.

Está dando los primeros pasos, pero a la vez sabe capitalizar cada momento que le da y le brinda este deporte. Hace magia para dividir el tiempo entre el estudio —cursa el último año del secundario en la Escuela “Nuestra Señora del Carmen”—, la familia, los entrenamientos, los viajes y los torneos. A veces termina agotada, pero el amor por el polo es más fuerte. Renueva las fuerzas constantemente.

Tiene como hobby tocar la guitarra. Piensa estudiar Ingeniería Agrónoma, pero mientras tanto disfruta mucho del polo. Martina Díaz tiene sueños y ya cumplió algunos de ellos, pero no se conforma y va por más.

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